Actualidad | Junio 30, 2012
Municipio del Callao clausura –para siempre– su prostíbulo más antiguo: El Trocadero
Habrá quienes digan que está bien, que ese antro de ‘mujeres fáciles’ y cuna de vicios debía estar cerrado desde hace tiempo. Otros, quienes añoran las épocas en que los padres o los tíos acostumbraban,- como si de una machista y ancestral costumbre se tratara- llevar a sus hijos para el ‘debut’ de rigor, de hecho lamentarán la muerte de la parte más carnal en la historia del puerto chalaco. Entre nostalgias y protestas, lo único seguro es que la Municipalidad del Callao decidió cerrar para siempre el prostíbulo más antiguo de la provincia constitucional, y uno de los de mayor longevidad en el Perú.
La citada comuna, después de haber lanzado un ultimátum de 90 días a la casa de citas, para regularizar su licencia de funcionamiento, tomó la decisión extrema debido a que “la zonificación no permitiría el negocio del meretricio (sic)”. El Trocadero funcionó hasta hace poco gracias a una licencia otorgada por la propia municipalidad en los años 80.
HISTORIA DE LUCES ROJAS
La prostitución en el Perú no es un delito, y contrariamente a lo que puedan pensar quienes están definitivamente en contra del asunto, el oficio más antiguo del mundo no solo ha contribuido, a través de los siglos, a esparcir enfermedades. Los locales en que se ejercía –y ejerceeran puntos de reunión de artistas y políticos, en ellos se tomaron decisiones de Estado, se hicieron grandes negocios y se tuvieron conversaciones que después influirían en notables obras de arte.
Dejando de lado las posiciones a favor y en contra de la prostitución, que con razón denuncian la degradación del sexo como mercancía y la lacra de la ‘trata de blancas’ que obliga a millones de mujeres en el mundo a vender su cuerpo, no se puede negar que el gran número de parroquianos que se internaban en alguno de los tres largos pasajes de El Trocadero, repletos de bancas de espera donde se podía beber unas cervezas o comer algo para recobrar las fuerzas, tenían en ese lugar un refugio para sus solitarias o peligrosas vidas.
El Trocadero fue creado en 1976 y llegó a recibir, en sus mejores épocas, hasta 200 clientes diarios en sus cerca de 2 mil metros cuadrados. Tras la imperceptible fachada –como si fuera una de las tantas fábricas abandonadas de la avenida Argentina-, dentro de los pabellones de dos pisos que albergaban diminutos cuartos, las mujeres esperaban a sus clientes, una por puerta. Estos pagaban la cuota establecida y recibían un condón al ingresar, debiendo dejar sus soledades, al menos por un rato, en la entrada.
Con el paso de los años, el lugar llegó a tener su propia sociedad. En el pasaje principal, un símil del Jirón de la Unión, pero del sexo, en las mesas donde el alcohol mojaba los codos de los sacos y los cigarrillos dejaban quemaduras en la madera, convivían los faeneros o parroquianos ocasionales con los cofrades o troqueros Alfa, quienes hicieron del consumo sexual su forma de vida. Allí también se podía encontrar a los caletas o depredadores, acosadores de las troqueras. Estas eran las estrellas de la noche: Las meretrices. Ellas provenían no solo de todos los rincones del Perú, sino también de países como Ecuador, Colombia y República Dominicana.
La modernidad, claro, también cobró cuota. Según Gregorio Martínez, en la obra El libro de los espejos. 7 ensayos a filo de catre, las que antes fueron habitaciones con cama, mesita y silla para conversar se volvieron más funcionales, y los espacios se redujeron para que apenas entraran una cama y una tina. Un cuarto pequeño obligaba al cliente a entrar e irse rápido, con no más de 10 minutos para cumplir sus propósitos.
Con la muerte de El Trocadero, tal vez ya no se pueda hablar más de burdeles en toda la extensión de la palabra. Porque estos se iniciaron como parte de la vida bohemia, en el que grupos de amigos se reunían allí como si fuera cualquier centro de reuniones. Era como ir a un bar cualquiera, pero con una sociedad mixta y a veces hasta tenebrosa. Los burdeles desaparecieron con la llegada de la modernidad y se convirtieron en lo que hoy son: lugares donde el acto sexual se realiza y el cliente se va inmediatamente.
MARIANO VÁSQUEZ: mvasquez@diario16.com.pe
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